𝙋𝙤𝙧: 𝙆𝙤𝙠𝙞 𝙉𝙤𝙧𝙞𝙚𝙜𝙖 𝘽𝙧𝙞𝙩𝙤.
Gobernador regional de Ancash y presidente de ANGR.
Cuando conocí Chimbote por primera vez en el año 2007, sentí que esta ciudad me abrazaba con fuerza. Era distinta a la sierra donde crecí, pero igual de profundamente ancashina. Llegué como un joven emprendedor a comprar productos de la Panadería Ottone para venderlo en Huaraz, sin imaginar que algún día la vida me llevaría a servir a mi pueblo desde el cargo más alto de la región. No soñaba con gobernar; soñaba con construir, con trabajar, con salir adelante. Y en ese camino, conocí a Chimbote.
Conocer esta ciudad fue una revelación. Su gente, su cultura, su historia marcada por el esfuerzo y la fe, me conquistaron. Chimbote no es solo un puerto ni una capital provincial. Es una expresión viva de lo que significa ser ancashino. Desde entonces, la llevo en el corazón, mi compromiso, y mi cariño por ella crecen cada día.
La caída de la Cruz de la Paz, en la madrugada del 10 de marzo de 2023 cuando ya era gobernador, no solo fue un colapso estructural, sino también un golpe emocional, representó un vacío en el sentimiento de los chimbotanos. La Emblemática Cruz de la Paz de 25 metros de altura construida desde 1986 en la cima del Cerro de la Juventud con motivo de perennizar el Congreso Eucarístico Internacional realizado en Chimbote el mismo año, con el esfuerzo de más de 10 mil jóvenes, quienes apoyaron en el traslado de los materiales; representó el rechazo al terrorismo y con el tiempo se convirtió no sólo en un Atractivo Turístico Chimbotano sino en el lugar de peregrinación de miles de jóvenes y familias chimbotanas durante Semana Santa y en las festividades del Santo Patrón San Pedrito.
Desde entonces, he recibido llamadas de miembros de la comunidad ancashina, de la Diócesis de Chimbote, de autoridades locales, y un pedido muy especial de nuestra Vicegobernadora Angelly Epifanía Chávez, quien con firmeza y amor me ha enseñado a conocer y querer más profundamente esta ciudad.
Desde entonces, veníamos trabajando silenciosamente, tocando puertas, gestionando, sin hacer ruido… hasta que, ayer, recibí una carta milagrosa de la Operación Mato Grosso —hijos del Padre Ugo de Chacas— confirmando su compromiso con esta causa. Así, ese anhelo se convierte hoy en una realidad: comenzamos un camino de reconstrucción, el GORE Áncash, Diócesis de Chimbote, y los hijos del Padre Ugo.
Hoy honraremos a Chimbote con convicción, porque la fe de Áncash no se reunificará verdaderamente hasta que la Cruz de la Paz vuelva a levantarse uniendo la mirada del mar con el cielo. No como un recuerdo, sino como un símbolo vivo de que cuando la fe se cae, el pueblo la levanta. Esta vez, con más fuerza. Esta vez, para siempre.
Este es un proyecto que trasciende lo material: una ruta turística de peregrinación espiritual que conectará el alma de Áncash con el norte del Perú. La ruta iniciará con la fiesta en honor a San Miguel Arcángel, en Chinchurrajra, continuará por Chacas, con la Virgen de la Asunción, seguirá hacia la Catedral de Huaraz y llegará a la Cruz de la Paz en Chimbote.
Desde allí, se enlazará con otras ciudades del norte como La Libertad y Chiclayo, sumándose a la ruta que ya vienen promoviendo los gobernadores del norte para rendir homenaje al Papa peruano León XIV.
Chimbotanos, aquí no solo reconstruimos estructuras, aquí creemos en el cambio y lo hacemos realidad.