La unidad de investigación del portal hugogonzales.com revisó los acuerdos del Consejo Regional del 01 al 86 de todo el 2023 ¿Y qué encontró? Un archivo clínicamente muerto: Alexander Pélaez no presentó informe alguno, ni plan de actividad, ni un mísero memo al igual que el Balance Semestral de Consejeros 2024, reporta cero fiscalizaciones.
Somos Perú debería expectorarlo de inmedito. En un rincón del Perú donde los ríos arrastran más promesas que agua potable y donde los consejos regionales son retiros pagados del descaro, Alexander Iván Pélaez Vera, brilla con una intensidad particular: la del vacío absoluto. El consejero regional por la provincia del Santa, Pélaez ha logrado lo que pocos, pasar un año entero cobrando dieta sin levantar un dedo, ni siquiera para escribir una línea en un informe de fiscalización. Ni uno solo. Cero. Nada.
La web investigativa hugogonzales.com revisó los acuerdos del Consejo Regional del 01 al 86 de todo el año 2023 ¿Y qué encontró? Un archivo clínicamente muerto: Pélaez no presentó informe alguno, ni plan de actividad, ni un mísero memo con letra temblorosa simulando interés por algo más que su dieta. Ni una línea. Ni una coma. Un silencio administrativo que debería dar clases de inoperancia a los prófugos de la ética.
Pero esto no es una omisión cualquiera. La norma, esa cosa que algunos llaman ley y que otros usan de servilleta, exige que los consejeros fiscalicen, informen, planifiquen, ejerzan algo más que la sombra. Y, sin embargo, ahí lo tienen, cobrando cada fin de mes con una sonrisa que debe entrenar frente al espejo.
No hablamos de un error, ni de un olvido administrativo. Hablamos de una vocación: La de estar y no hacer. La de representar a una provincia sin representarla. La de prometer fiscalización y practicar la invisibilidad. Pélaez ha convertido la función pública en arte conceptual: él está ahí para recordarnos que la democracia también puede alojar hologramas.
Y mientras tanto, el Santa, esa provincia cuya historia debería merecer más respeto, sigue esperando que sus autoridades ejerzan, opinen, denuncien, propongan. Pero no. En lugar de eso, tiene a un consejero que parece pensar que fiscalizar es un deporte extremo ¿Dónde está la indignación?
Quizás lo peor no sea Pélaez. Quizás lo peor sea ese sistema político que permite que la inacción no solo no sea sancionada, sino que sea premiada con continuidad. Que un cargo de representación se convierta en un cargo de hibernación.
Pero al menos, ya lo sabemos. En la provincia del Santa, el consejero Alexander Pelaez ha reinventado el trabajo público: Es el arte de no hacer nada …y cobrar por ello.
Cero fiscalizaciones también en 2024


El 24 de febrero de 2025 señalamos que, en el coliseo de la política peruana, donde el cinismo es un requisito más valioso que la experiencia, Alexander Peláez, se paseaba por la región vendiéndose como el paladín de la lucha anticorrupción, pero según el Balance Semestral de Consejeros 2024, no habría movido un solo dedo para fiscalizar nada. Sí, así como lo leen: cero fiscalizaciones, cero trabajos, cero compromisos.
Es decir, estamos ante un personaje que cobra su dieta con puntualidad británica, pero que a la hora de cumplir con su deber prefiere la estrategia del avestruz: cabeza enterrada, boca cerrada y manos en los bolsillos ¿Será que el puesto de consejero le parece poca cosa y ya está con la cabeza en otras ambiciones? Pues claro que sí: Peláez no está fiscalizando porque está demasiado ocupado en su próxima aventura electoral. Quiere ser diputado con el partido Somos Perú.
Peláez es el clásico político peruano con memoria selectiva y verbo inflamado. Se presenta como el adalid de la transparencia, el látigo de los corruptos, el guardián de los recursos públicos, pero en la práctica es un ausente de lujo. ¿Cómo alguien que no fiscaliza en su región pretende legislar para el país? ¿O es que en el Congreso piensa seguir la misma línea de «mirar para otro lado»?
Lo que está claro es que su prioridad no es Ancash, ni la fiscalización, ni la transparencia. Su prioridad es él mismo y su campaña con Somos Perú. Peláez está preocupado en su candidatura, en tomarse la foto correcta, en afilar su discurso populista para ver si en 2026 consigue un asiento en el hemiciclo.
Ser consejero regional implica fiscalizar, denunciar irregularidades, exigir rendición de cuentas. Pero en el caso de Peláez Vera, ese trabajo es solo una línea en su currículum. El tipo ha logrado perfeccionar el arte de no hacer nada y vivir del Estado. Se pasea por los medios con su discurso de moralista barata, pero en los informes su gestión es una página en blanco.
Quizás nos equivoquemos y en realidad Peláez sí esté haciendo algo, pero a puertas cerradas. ¿Haciendo alianzas? ¿Negociando su candidatura? ¿Construyendo su trampolín político con los recursos que debería destinar a la fiscalización? Lo cierto es que los números no mienten: no ha hecho nada. Y la nada es lo único que puede ofrecerle al país si llega a ser diputado.
La historia de Alexander Peláez es un cuento viejo de nuestra política. Promesas vacías, marketing barato y una agenda personal disfrazada de interés público. Ancash merece políticos que trabajen, no figurines de cartón que solo piensan en su próximo salto electoral.
Ahora, la pelota está en la cancha de los ciudadanos. Porque si después de este papelón, este señor logra llegar a ser diputado, el problema no será solo él. El problema será el electorado que sigue cayendo en el mismo engaño de siempre.