Pese a que la ley prohíbe que los familiares de consejeros hasta el cuarto grado de consanguinidad y segundo de afinidad metan la mano en la caja del estado en el ámbito de su competencia.
Un contrato otorgado, el año pasado, a favor de Yover Oscar Blácido Toledo, primo Hermano de la Consejera Por Huaraz, Janet Rosario Pinto Toledo, proporciona una radiografía del funcionamiento del poder en Ancash, mostrando como el aparato de estatal puede ser capturado para favoritismos y tráfico de influencias, la instrumentalización del cargo como se pone de manifiesta en esta “simpática historia” que hoy nos ocupa.
La ley de contrataciones prohíbe que, los familiares de consejeros, hasta el cuarto grado consanguineidad y segundo de afinidad, puedan contratar con el estado, en el ámbito de su jurisdicción; normatividad que cae en saco roto cuando la ética es más flexible que una plastilina expuesta al sol, una doble moral de quién se autoproclama “adalid de la lucha contra la corrupción.

Yover Oscar Blácido Toledo, el 2024, logró un contrato con el Gobierno Regional de Ancash – sede central, en un trabajo sin especificaciones claras, ya que la orden de servicio N° 2694, da cuenta de un “Servicio de Supervisión de Estudios de Preinversión” por el monto de 35 mil soles, en el marco de contratación directa, considerada como las contrataciones por debajo de las 8 UIT.
Las sospechas apuntan de que se trataría del gran festín del Hatun Ancash, transferencia que con el voto de Yanet Pinto fue aprobado a favor de las municipalidades, ya que estudios a nivel de preinversión en el GORE Ancash, son inexistentes, por lo que este caso estaría enmarcado en la hipocresía política, ya que mientras su prima predica la transparencia, él firma contrato con la tranquilidad de quien sabe que aquí en Ancash, la indignación es sólo un show para la tribuna.

Lo curioso del asunto es que, cuando toca denunciar a otros, Yanet Pinto se convierte en una fiera implacable. Pero cuando los contratos benefician a su familia, su sentido de la justicia sufre un apagón repentino. ¿Casualidad? ¿Un caso de «no vi, no supe, no escuché»?
Las preguntas sobran a la hora de evaluar este caso, ¿Cómo logró este contrato si la ley lo prohíbe?, ¿Hubo favoritismo, influencias o una alineación de astros particularmente generosos que lo beneficiaron?, ¿Acaso la tenaz fiscalizadora, Yanet Rosario Pinto Toledo, no se enteró de que su primo estaba haciendo negocios con el Gobierno Regional de Ancash, que ella dice Fiscalizar?
La respuesta puede ser tan simple como brutal: cuando la corrupción es ajena, es un escándalo; pero cuando es familiar, es un malentendido. En esta historia no hay sorpresas, solo un guion repetido hasta el cansancio. Políticos que gritan contra la corrupción, pero cuidan bien que los suyos no pasen hambre. Es el cuento de siempre: lo malo es que roben los otros, lo bueno es que la familia prospere.
Ahora la gran pregunta es: ¿Qué hará Yanet Rosario Pinto Toledo?, ¿Seguirá con su discurso de anticorrupción mientras ignora el pequeño detalle de los contratos de su primo? ¿O hará lo que todo político con doble moral sabe hacer: callar, minimizar el escándalo y esperar a que la gente olvide? Lo cierto es que este caso nos deja una lección clarísima: En Áncash, la corrupción sigue siendo un problema… pero solo si no eres de la familia correcta.