Muchos creen que los homicidios y el cobro de cupos en Lima y el país están manejados por el Tren de Aragua, La Cota 905 o Los Gallegos, una escisión del primero, bandas criminales que llegaron con el éxodo de venezolanos entre 2017 hasta la pospandemia.
Como consecuencia de esa creencia, infieren que el desborde de la violencia criminal (la extorsión, el cobro de cupos, los homicidios por sicarios y los secuestros) que remece al país se acabaría con la expulsión del país a esas bandas criminales venezolanas.
Esa creencia no es cierta. Tampoco es una media verdad. Ello, sin embargo, no presupone negar la existencia de esas bandas criminales en nuestro territorio. Si están en el país, pero no han llegado a controlar el cobro de los cupos de las extorsiones en el conjunto del país.
Hay varios hechos que cuestionan esa narrativa del gobierno, el Congreso y la mayoría de los medios. Narrativa, incluso, sostenida abiertamente por algunos expertos en seguridad y periodistas de opinión que no realizan investigación.
Empecemos por el hecho más reciente. En la madrugada de este viernes 11 de abril, las bandas de los barrios del Callao asesinaron a balazos a cuatro venezolanos. No solo eso. Tras ese cuádruple asesinato, según fuentes de campo, se abocaron a buscar a los venezolanos por el Callao para «plomearlos».
Está en curso una guerra de las bandas de barrios contra las bandas venezolanas y venezolanos en general. Una guerra que no distingue si son o no miembros de una banda criminal. Hay, pues, una dosis de xenofobia contra los venezolanos. Eso viene de atrás.
Esta guerra contra las bandas venezolanas tiene sus antecedentes. En 2022, cuando un grupo de venezolanos intentó extorsionar a los ambulantes en el centro del Callao monumental, todas las bandas se unieron y les dieron una soberana golpiza. Y los expulsaron de la zona.
Eso fue una escaramuza, pues, no hubo víctimas mortales con armas de fuego. Pero si reveló dos cosas: uno, el Callao es para las bandas chalacas de los barrios y, dos, el surgimiento de xenofobia contra los «chamos». Conclusión, las bandas venezolanas no pueden operar en ese territorio.
El antecedente más importante ocurrió el año siguiente. En efecto, el 31 de octubre de 2023, en los distritos de La Victoria y El Agustino las bandas locales, los lumpenes de los cerros marginales y ciudadanos de ambos distritos salieron a buscar y matar venezolanos.
¿Por qué ocurrió esa reacción violenta contra las bandas venezolanas y, en general contra los ciudadanos de ese país? En el caso de La Victoria, en la zona de Manzanilla, una banda empezó a exigir cupos a los consumidores de drogas. Eso fue considerado un abuso extremo y el detonante para la irrupción lumpen.
Y, en el caso de El Agustino, grupos criminales venezolanos quisieron extorsionar y cobrar cupos a los mototaxistas. Eso provocó que las bandas locales y la lumpeneria de la zona plana y de los cerros que circundan el distrito salieran a matar a los venezolanos.
Ante las enormes turbas lumpenezcas y de vecinos, con ganas de eliminar a cualquier venezolano, estos huyeron a tiempo de ambos distritos. De no ser así, habría habido una masacre a balazos a los que los cogían, como ha ocurrido en el Callao. No habría habido piedad.

Al finalizar la búsqueda infructuosa de «chamos», las bandas y la lumpeneria regresaron a sus zonas. Antes de irse dejaron un mensaje: «no queremos ningún ‘chamo» en nuestro territorio». Eso sí, a su paso dejaron una estela de destrucción, llantas viejas quemadas, basura diseminada y negocios asaltados.
¿Qué hizo la policía contra la mayor movilización de la delincuencia y la lumpeneria que ha ocurrido en el país? Nada. Solo observaron de lejos. Varios helicópteros circularon, seguramente grabando los hechos, el espacio de estos distritos
Hay otros hechos de expulsión, pero no violenta, de venezolanos: en diciembre de 2024, la comunidad de Relave, en el distrito de Pullo, Parinacochas, Ayacucho, expulsaron a todos los venezolanos. Les dieron un plazo de 24 horas para salir. Al cabo de ese plazo, no quedó ningún venezolano. La indignación ante los abusos y la xenofobia se dieron la mano.
Visto desde esa perspectiva, el cruel asesinado de cuatro delincuentes venezolanos en el corazón marginal del Callao, se veía venir. Y es la demostración palmaria que el Tren de Aragua, Los Gallegos y la Cota 905, no mandan en el mundo de la extorsión. Estos han hecho alianzas con las bandas locales o son «gatilleros».
¿Cuál será la respuesta de las bandas venezolanas, sean de fragmentos del Tren de Aragua o Los Gallegos? Es improbable que entren en una guerra armada con todas las bandas de los barrios. Eso es lo que pasó con Los Gallegos. Amenazaron con una guerra de venganza a las bandas de La Victoria y El Agustino. Pero no pasó nada. Sin embargo, no se descarta una respuesta.
Fuente Imagen: Prensa Chalaca, del día miércoles 09/04/2025 en Callao a la altura del cruce de la Av. Pérez Salmón con Av. Santa Rosa, cerca a la Av. Colonial.)