Mientras los techos se caen y las paredes se desmoronan, un grupo selecto estaría haciendo su negocio redondo con la necesidad de los pescadores.
Mientras los techos se caen y las paredes se desmoronan, un grupo selecto estaría haciendo su negocio redondo con la necesidad de los pescadores. Así se encuentra el desembarcadero de Chimbote, administrado por la Asociación Isla Blanca, cuyo vicepresidente Eduardo Romero Sánchez no solo gestiona el recinto, sino que además sería propietario de las cámaras frigoríficas que abastecen de hielo a los pescadores artesanales, denuncian medios chimbotanos.
Las imágenes lo dicen todo: infraestructura en pésimas condiciones, techos deteriorados, vigas de concreto debilitadas y un plazo de cinco días más que otorgó Defensa Civil de la Municipalidad Provincial del Santa ¿El motivo? Las reparaciones necesarias, como el reforzamiento estructural, tomarán más de 25 días. Mientras tanto, los administradores hacen oídos sordos y continúan operando como si nada pasara.
Esto no es solo negligencia, es abuso de poder. Los comerciantes y usuarios del desembarcadero están a punto de quedarse sin espacio para trabajar, debido a la inminente clausura que ya ha sido advertida por las autoridades.

¿Dónde están las soluciones? ¿Por qué se permite que un administrador saque provecho de un espacio público mientras la estructura se cae a pedazos? Basta ya de “administraciones fantasmas” que solo sirven a intereses particulares.
Chimbote exige una intervención seria, inmediata y con consecuencias para los responsables ¿Dónde está la directora de la DIREPRO Olivia Longobardi que debería fiscalizar pero está en silencio o acaso ella también está involucrada?