En el coliseo de la política peruana, donde el cinismo es un requisito más valioso que la experiencia, aparece el señor Alexander Iván Peláez Vera, consejero por la provincia del Santa. Un hombre que se pasea por la región vendiéndose como el paladín de la lucha anticorrupción, pero que, según el Balance Semestral de Consejeros 2024, no habría movido un solo dedo para fiscalizar nada. Sí, así como lo leen: cero fiscalizaciones, cero trabajos, cero compromisos.
Es decir, estamos ante un personaje que cobra su dieta con puntualidad británica, pero que a la hora de cumplir con su deber prefiere la estrategia del avestruz: cabeza enterrada, boca cerrada y manos en los bolsillos ¿Será que el puesto de consejero le parece poca cosa y ya está con la cabeza en otras ambiciones? Pues claro que sí: Peláez no está fiscalizando porque está demasiado ocupado en su próxima aventura electoral. Quiere ser congresista.
De la lucha anticorrupción al marketing personal
Peláez Vera es el clásico político peruano con memoria selectiva y verbo inflamado. Se presenta como el adalid de la transparencia, el látigo de los corruptos, el guardián de los recursos públicos, pero en la práctica es un ausente de lujo. ¿Cómo alguien que no fiscaliza en su región pretende legislar para el país? ¿O es que en el Congreso piensa seguir la misma línea de «mirar para otro lado»?
Lo que está claro es que su prioridad no es Ancash, ni la fiscalización, ni la transparencia. Su prioridad es él mismo y su campaña con Somos Perú. Peláez Vera está preocupado en su candidatura, en tomarse la foto correcta, en afilar su discurso populista para ver si en 2026 consigue un asiento en el hemiciclo.
El arte de no hacer nada (y cobrar por ello)
Ser consejero regional implica fiscalizar, denunciar irregularidades, exigir rendición de cuentas. Pero en el caso de Peláez Vera, ese trabajo es solo una línea en su currículum. El tipo ha logrado perfeccionar el arte de no hacer nada y vivir del Estado. Se pasea por los medios con su discurso de moralista barata, pero en los informes su gestión es una página en blanco.


Quizás nos equivoquemos y en realidad Peláez sí esté haciendo algo, pero a puertas cerradas. ¿Haciendo alianzas? ¿Negociando su candidatura? ¿Construyendo su trampolín político con los recursos que debería destinar a la fiscalización? Lo cierto es que los números no mienten: no ha hecho nada. Y la nada es lo único que puede ofrecerle al país si llega al Congreso.
Conclusión: el típico político peruano
La historia de Alexander Iván Peláez Vera es un cuento viejo de nuestra política. Promesas vacías, marketing barato y una agenda personal disfrazada de interés público. Ancash merece políticos que trabajen, no figurines de cartón que solo piensan en su próximo salto electoral.
Ahora, la pelota está en la cancha de los ciudadanos. Porque si después de este papelón, este señor logra llegar al Congreso, el problema no será solo él. El problema será el electorado que sigue cayendo en el mismo engaño de siempre.