El domingo 18 de mayo, alrededor del medio día, el centro poblado de Huapapa, en el distrito de Yaguas, en el bajo Putumayo, en la región Loreto, se convirtió en el escenario del primer enfrentamiento armado entre la Marina de Guerra del Perú y disidentes exFARC. El saldo: un disidente abatido, aún sin identificar.
El diario La Región de Loreto, lo dió a conocer de la siguiente manera:»Una patrulla de la Marina de Guerra del Perú se enfrentó a tiros con disidentes de las FARC, en la zona fronteriza de Huapapa, río Putumayo… El enfrentamiento dejó como resultado la muerte de un disidente involucrado en actividades narcoterroristas…».
Una fuente de campo confiable, precisó las circunstancias del enfrentamiento: «A la altura de Huapapa, la patrulla de la Marina en una labor de rutina por el río Putumayo se encontró frente a frente a un yate con cuatro disidentes exFARC. Ahí empezó el enfrentamiento dejando un disidente abatido. Los otros tres huyeron».
En concreto, el primer enfrentamiento armado en territorio nacional entre la Marina de Guerra del Perú y disidentes de la FARC tuvo como escenario el río Putumayo, que divide Perú y Colombia. Antes, entre 2000 al 2022, hubo escasos enfrentamientos armados entre los disidentes y «Los Sinaloa», un grupo armado que trabaja para ese cartel mexicano. La razón: la disputa del control de la producción de cocaína de esta cuenca.
¿Qué significa este primer enfrentamiento armado entre la Marina y los disidentes exfarc? Si bien fue un enfrentamiento imprevisto que dejó una baja de un disidente, cuyos restos ya se encuentran en Iquitos, este hecho marcaría una ruptura con el modus operandi que tuvo la disidencia desde que volvieron a esta cuenca, a mediados de 2016: no chocar con las fuerzas del orden peruanas.
Más allá de planes y la preparación de operaciones que nunca se ejecutaron, ese mismo modus operandi caracterizó a las fuerzas del orden, particularmente, de la Marina: no hicieron nada contra la presencia de los disidentes – y «Los Sinaloas» – en el lado peruano del Putumayo. Los dejaron actuar y disputar el control de la droga con destino a Brasil.
En suma, los dejaron apoderarse – más a «Los Sinaloas» que a los disidentes exfarc – de la producción de coca y cocaína de la cuenca de Putumayo. En el gobierno de Martín Vizcarra hubo un conato por reducir los cultivos de coca; el actual gobierno, hizo una «erradicación simbólica» de la coca. En síntesis, se abandonó la cuenca del Putumayo a los dos grupos armados.
Conclusión: solo el tiempo, en breve, podrá confirmar si hay una ruptura con la abdicación estatal contra el crimen organizado del narcotráfico en esa enorme cuenca cocalizada (se estima que hay unas 20 mil hectáreas de coca). O, desde el lado de los disidentes de la FARC, si están por enfrentar a las fuerzas del orden.
Lo segundo, aunque empezó con una baja, significa que los disidentes estarían dispuestos a enfrentar a las fuerzas del orden, como hicieron con el abatimiento de 11 soldados ecuatorianos, en la Amazonía de ese país, por la minería ilegal. De ser así, estaríamos ante el despliegue de un problema de seguridad nacional que estuvo en potencia por nueve años.